domingo, 11 de abril de 2010

12.19.17.4.13 (Nada va a pasar)

Una idea, tomada de un judío alemán: el tren del progreso es continuum de catástrofes en la que el mismo enemigo no ha dejado de vencer. Una esperanza: el tren se va a estrellar el 21 de diciembre de 2012. Pero rápido se desvanece. A menos que llegue el rayo cósmico ese del que hablan los más extremistas, que va a venir desde el centro de la galaxia, lo más que podemos esperar es un par de terremotos más, y la precipitación de la anhelada caída del imperio yanqui. Pero no: todo indica que la catástrofe no hace más que abrirle los caminos a la ocupación del planeta por el capital trasnacional y sus ejércitos. Pasó en Haití, pasa en Chile. Luego están los chinos, que piensa uno que un día pueden voltear la tortilla, y que el imperio global pase a tener al frente una bandera comunista. Pero nada de eso se parece a la llegada de una sociedad sin clases, que es el único designio esperanzador que la razón ha pronosticado para el desarrollo de las fuerzas productivas.
Aburre enumerar las posibilidades de catástrofe global: calentamiento de la tierra y catástrofe climática (otra vez, el diluvio universal), holocausto nuclear, despertar súbito de las masas, que espontáneamente se rebelan contra el orden establecido, meteorito que inusitadamente se revienta, digamos, sobre la sede de la Reserva Federal. Nada de eso parece estar a menos de mil días de nuestro día.

viernes, 2 de abril de 2010

12.19.17.4.4 (No se ha hecho nada)

Desde la primera vez que me hablaron de todo este asunto del 2012, lo asumí como verdad. Con muy poca responsabilidad, por otra parte, porque eso fue hace ocho años, y desde entonces no he hecho nada para esperarlo. Si me lo tomara con un poco de seriedad, debería estar en una comuna que produce todo lo que consume, y supongo que meditando para esperar la revelación de la verdad universal. Pero no. Lo que hice fue seguir viviendo. Buscando el amor y buscando un oficio, como lo haría alguien que espera que a sus veintinueve (los veintinueve que tendré cuando llegue el fin de la cuenta larga) va a estar haciendo un hogar, y no viendo derrumbarse el mundo, la civilización, o lo que sea que se va a derrumbar el 21 de diciembre de 2012, que a estas alturas creo que no se va a derrumbar nada. Ni siquiera puedo decir que me acerqué al Tarot, a la santería, al I Ching, al evangelismo, o a cualquier tipo de religiosidad. Nada. Cuando mucho, he leído un poco de poesía, y a veces leo las noticias del día, como si fueran el preludio de la catástrofe que se avecina.


jueves, 21 de enero de 2010

12.19.17.0.13 (El Discurso de Pi III)

III
En mi viaje a Venezuela en diciembre de 2009, sólo pude ver a Pi una noche. Coincidimos en Margarita, donde él pasaba las vacaciones cada vez que visitaba Venezuela, en una urbanización con playa privada en Playa el Agua, que uno de sus mecenas le cedía cada vez que Pi la pedía. Fue la primera vez que hablamos desde que me vine a la Argentina en 2007, cuando yo todavía estaba en lo que Ríe y yo llamamos la Posición 2, frente al Discurso de Pi.
La Posición 1, decía Ríe, fue la que todos asumimos después de esa segunda clase de su taller, en el año 2000: distante, pero no por antinomia, sino porque, reducidos como estaban nuestros intereses a los estados alterados de consciencia, las patinetas y el graffitti hip-hop, y cuando mucho Cortázar y Dalí, el Discurso de Pi era una especie de escritura sagrada, que uno no entendía, pero que si surgía un tema trascendental, uno repetía como un loro, para impresionar.
Las posiciones 2 y 3, decíamos Ríe y yo, no eran consecutivas sino alternativas, y estaban determinadas no sólo por nuestra madurez, sino por el momento histórico: hacia 2006, a medida que se iba consolidando la hegemonía del chavismo, Mun, Ríe, Simón y yo fuimos abandonando el anarquismo individualista (que a veces era filochavista y a veces filofascista), y definiéndonos políticamente. Mun y Simón terminaron adoptando la Posición 2, que Ríe y yo describimos como una deformación del Discurso de Pi, para aplicarlo a la defensa del proyecto de poder militarista de Chávez. Y Ríe y yo adoptamos la Posición 3, que era la mera y maniquea oposición al gobierno, lo que hacía que ya no repitiéramos el Discurso de Pi, sino su antítesis: el de los medios privados de comunicación, para los que Ríe y yo llegamos incluso a trabajar.
Los primeros minutos con Pi en Margarita los dediqué a contarle la teoría de las posiciones, y a confesarle que mi experiencia en la Argentina me había hecho pasar de la Posición 3 a la Posición 2, que ahora no entendía como una deformación de su discurso, sino como la unívoca posibilidad de aplicarlo a la realidad. Después saqué un billete de un dólar y lo puse sobre la grama. Lo alumbré con la luz del celular, le señalé la pirámide, le hablé de lo que había investigado sobre los Iluminati y del 13.0.0.0.0, y le dije que, para mí, era probable que en ese punto se desatara el amanecer, la catástrofe universal de la que él hablaba en el párrafo.
Pi volvió a encender el porro, que se había apagado, le dio dos pitadas, sonrió débilmente, y dijo: esto se va a morir, Eduardo, esta revolución no tiene vida de aquí a cinco años si no estalla el peo en Europa y en Estados Unidos. Y habiendo dicho Estados Unidos, pasó a esa enumeración que si se quería hacer corta comenzaba con la anexión de Cuba en el siglo XIX, y terminaba en Honduras hacía unos meses. Una enumeración que le dejaba la vista desolada a quien intentaba meterse toda esa barbarie en la boca, y a quien la intentaba escuchar. No sólo porque sea la peor, dijo Pi, sino porque ha sido la más atestiguada por la humanidad entera. Y sí, pareciera que es algo que tarde o temprano tiene que acabarse, o sobreviene la peor y la última de las guerras.
El "pareciera" coincidió con el ruido de un aire acondicionado que se encendía en el chalet de en frente, y fue como un conjuro que disolvió el furor del instante, alimentado por la visión de la pirámide, algunas estrellas más de las acostumbradas que por la luna nueva se agitaban sobre nuestras cabezas, y el porro que pasaba de mano en mano. Entonces Pi me dio el dólar para que lo guardara y se puso a hablar de sus mujeres.
Fue la indiferencia de Pi lo que me hizo pensar por primera vez que todo cuanto pudiera decirse sobre una catástrofe universal estaba motivado primero que nada por esperanza, la esperanza de que la catástrofe civilizatoria fuera interrumpida de un zarpazo, la única esperanza que le quedaba a la humanidad.

lunes, 18 de enero de 2010

12.19.17.0.10 (El discurso de Pi II)



En una larga conversación por skype con Mun a mediadios de 2009, cuando hablamos después de dos años muy distanciados, pensé por primera vez que la consciencia omnisciente de la Gran Guerra no había sido para Pi algo dado, evidente y verificable a simple vista, como sí lo era para nosotros, que crecimos viendo transmisiones en vivo de las guerras del Golfo y de los Balcanes, por no hablar de la guerra social permanente que vivimos en Caracas desde 1989. De ahí que lo único que nos pareció inteligible y hasta familiar del párrafo que conocimos en el laboratorio, desde la primera lectura, fue lo de Gran Guerra en curso.
Con Mun concluí, quizá exagerando, que antes esa consciencia sólo la adquiría quien pasaba buscándola buena parte de su vida, si no moría o enloquecía en el trayecto, o se traicionaba y se convertía en un abdicador funcional, que era en realidad lo más común (y sólo se terminaba de formar en quien llegaba a conocer de cerca el horror, bien fuera forma terrestre, como Bárbara, o bien de forma extraterrestre, como Pi).
Pero mucho más que en el año 2000, en el 2009, después del 11 de Septiembre, Irak, Afganistán, Líbano y Gaza, la Gran Guerra ya estaba tan documentada que había pasado a ser una obviedad, porque su dimensión catastrófica había sido disuelta en la ubicuidad de las pantallas, y en la opinión pública sólo era asunto de primer orden para algunos líderes y militantes de izquierda, algunos poetas, algunos activistas de derechos humanos, y centenares de miles de bloggers y documentalistas. Sin embargo estos últimos (muchos de ellos yanquis, la mayoría de ellos paranoides, new age o reaccionarios), habían descrito hasta el hastío (y Mun y yo, consumido sus descripciones hasta el hastío) y pormenorizadamente la configuración del gobierno mundial, la urdimbre de su base de poder desde la independencia de Estados Unidos, su exitosa campaña de conquista del planeta desde 1945 y sus planes, digamos, a mediano plazo.
De todo eso sacábamos una sola conclusión clara: el Enemigo era cada vez más visible. Lo cual, por otra parte, no quitaba lo que ya sabíamos: que, sobre todo viviendo en grandes ciudades, nos volvíamos sus cómplices en las acciones más cotidianas; que estaba en capacidad de actuar a través de nosotros independientemente de nuestra voluntad, e incluso contra sí mismo, aunque esta posibilidad sólo parecía darse en el plano del mero simulacro.
En todo caso, la tentativa de extraviarse en remolinos de pequeñeces uno se la encontraba en cada nueva dosis de información, con lo que la noción de el Enemigo, aunque visible, se alejaba en tanto uno trataba de acercarse. Como el horizonte, dijo Mun. Como el número primo más largo, dije yo. Por eso comenzamos una serie de discusiones, siempre por skype, con las que nos proponíamos elaborar un esquema de la Gran Guerra, para presentárselo a Pi, en un encuentro que nunca se concretó, un poco porque nunca terminamos el esquema, y un poco porque entonces Pi vivía en Caracas, Simón y Mun en Mérida, Ríe en Nueva York y yo en Argentina.
Sólo llegamos a hacer un esbozo de los vértices, que era el siguiente:

DIO$:
Fuerza omnipresente que media la voluntad y el deseo de los seres humanos, en medida variable según su grado de inserción en el sistema social reinante conocido como Civilización, observándose el mayor grado en los ricos, en los clase media con aspiraciones de ricos, y en los obreros con aspiraciones de clase media, y en menor grado en algunos enfermos mentales, las personas en pobreza extrema, algunos místicos, artistas y poetas, zonas aisladas por organizaciones sociales armadas o pacifistas de ideología romántico-anarquista, y comunidades de pueblos originarios aferradas a tradiciones ancestrales. Su representación simbólica más acabada es el ícono llamado Gran Sello, que se encuentra encerrado en un círculo en el extremo izquierdo del anverso del billete de un dólar, creado por los Iluminati a finales del siglo XVIII, y según diversas exégesis síntesis icónica de un proyecto hoy casi llevado a cabo en su totalidad, de establecer una religión jerárquica mundial, sugerido también en el lema "en Dios [en Dio$] confiamos".

águila:
Expresión política de Dio$ en la tierra, con sede central en Usamérica. Congrega una elite de banqueros, políticos y empresarios de países del primer mundo (PPM), con afiliados en el resto de las naciones del planeta, y se encarga de dirigir las acciones para extender los dominios de Dio$, y para mancillar, mediante la seducción, el engaño, la extorsión, el miedo, la violencia legal y dosificada o la violencia extrema y criminal, cualquier factor que frene, atenúe o se oponga al dominio simbólico, material y/o espiritual de Él en la tierra. Su centro de poder material es el complejo financiero-industrial-militar que reina Usamérica, cuya jurisdicción legal se extiende a 929 bases militares distribuidas en los cinco continentes, y a los territorios, edificios e instituciones propiedad de las corporaciones trasnacionales y entidades financieras basadas en los PPM.
Sus armas de dominio simbólico son los medios privados de comunicación, digitales, radioeléctricos e impresos, y otros medios privados de producción cultural (Sociedad del Espectáculo), incluida la publicidad en todos los formatos.
Los nombres de algunos de sus gobernantes están reunidos en las listas de asistentes a las reuniones del Grupo Bilderberg y en los directorios del Council of Foreing Relations y de la Comisión Trilateral.

Pueblo:
Suma de fuerzas materiales, simbólicas y espirituales que resisten y/o padecen el dominio de Dio$ en la tierra. Congrega a la mayoría de los humanos del planeta, privada de paz y de bienes para la subsistencia por el Águila, así como a los muertos que han sido asesinados, torturados o desaparecidos por éste, o por ejércitos de sus propios países, al servicio de él y bajo su supervisión. Están concentrados en los países menos industrializados y en los llamados países emergentes.
Su principal arma de resistencia es su obstinación en pelear contra el Águila, independientemente de su aparente desventaja numérica y militar, y de su objetiva desventaja económica y tecnológica.
El Pueblo no tiene un centro de poder material, pero ocupa temporalmente espacios de poder, durante los cuales Dio$ puede actuar a su favor. En estos casos, suele propinar derrotas al Águila, al tiempo que el gobierno del Pueblo puede llegar adoptar algunas actitudes características de ésta.

viernes, 15 de enero de 2010

12.19.17.09 (el discurso de Pi I)


El 15 de enero de 2010 escribí: no es asunto de horóscopos prehispánicos, sino de la Gran Guerra en curso.
Contra todos mis pronósticos, terminé subscribiendo a plenitud el Discurso de Pi, quien subordinaba cuanto ocurría entre los seres humanos en todo nivel a una teoría que elaboró cuando hizo su tesis de grado, en 1989. La tesis era una investigación sobre el lugar de la fotografía entre las relaciones de producción del sistema capitalista. Pero toda esa teoría estaba contenida en apenas un párrafo de su trabajo de grado.
Conocí ese párrafo, como todos los que alguna vez hicimos el taller de Pi, el segundo día de clases. El primer día nos hizo montar en el escarabajo (esa vez éramos cuatro, pero me consta que llegó a hacer lo mismo hasta con grupos de siete), y nos dio a cada uno alguna de sus cámaras: una Nikon con gran angular para Mun, una Olimpus portátil para Simón, una Minolta con lente 50 para Ríe, y una Mamiya C33 de doble lente, la que me tocó a mí, y pesaba más de dos kilos. Bajamos desde su quinta en La Palmita a recorrer los barrios de San Bernardino y alrededores, con la consigna de dispararle a todo lo que se moviera.
A no menos de sesenta kilómetros por hora, pasamos por los caminos de Cotiza, San José, Sarría, Pinto Salinas y no recuerdo si el barrio Anauco, opturando entre curvas a toda velocidad, cuadros torcidos y casi siempre desenfocados, en los que veíamos pasar la pobreza y el peligro como cráteres de un cometa por las pantallas de un telescopio espacial.
Cuando terminó el recorrido ya estaba oscureciendo, bien pasada la hora del fin de la clase, y Pi nos dejó a cada uno en su casa, asegurándonos que la semana siguiente íbamos a tener las placas y los rollos ya revelados, e íbamos a copiar nosotros mismos nuestras mejores fotos en el laboratorio. La técnica se aprende después, dijo. Para tomar buenas fotos lo que hace falta es vivir.
La segunda clase nos explicó escuetamente cómo se operaba la ampliadora, y el orden en que había que introducir el papel expuesto, en los dos químicos y en el agua. Le dio a cada uno un rollo revelado, y a mí las placas de la C33, y después de preguntarnos si habíamos vivido lo suficiente esa semana (pregunta a la que nadie supo responder) cerró la puerta, con un énfasis que no supimos interpretar hasta que Ríe proyectó en la ampliadora lo que se suponía era su primera fotografía. Según recuerda Ríe, la fotografía debía mostrar a un niño descalzo y muy delgado de unos doce años que manejaba una bicicleta muy pequeña, y otro niño más pequeño entre el manubrio y aquél. Pero tras enfocar el haz de luz, lo que apareció sobre la base de la ampliadora fue el párrafo, en donde estaba el sustrato de lo que fue la cosmovisión de Pi desde que hiciera la defensa de su trabajo de grado, hacía once años, lo que después llamamos el Discurso de Pi:
Dado un sistema social que conviene como última expresión universal del valor un bien como el dólar, que no sólo no tiene valor de uso sino que, en tanto documento para el intercambio no representa más que la reproducción compulsiva de su propio símbolo, todas las producciones discursivas y simbólicas humanas, y en consecuencia su interpretación del mundo y de su entorno inmediato, estarán sujetas al principio de refracción descrito por Bajtin-Voloshinov, sujeción que tenderá a agudizarse en tanto no se revierta el proceso expansivo del capitalismo imperial, y no cobre dimensión de catástrofe universal la Gran Guerra que desde 1945 se ha mantenido en el plano simbólico, con eventos siempre aislados de violencia real, en enfrentamientos bélicos focalizados, y en los choques cotidianos entre clases sociales.
Después de una perplejidad unánime, las reacciones fueron dispares. Mun y yo quisimos revisar el resto de los rollos, porque pensábamos de que se trataba de una confusión; Ríe quiso, antes de cualquier cosa, copiar el fragmento en su cuaderno para ver si algún día llegábamos a entenderlo, y Simón, el hijo de Pi, quiso salir del laboratorio y buscar su padre para que nos explicara qué demonios se proponía, porque, conociéndolo bien, estaba seguro de que era sólo una de sus técnicas pedagógicas extravagantes.

lunes, 11 de enero de 2010

12.19.17.0.5 (se viene el fin del mundo)

El 11 de enero de 2010 escribí: o comienzo escribir o me come el tiempo a pedazos; o comienzo a escribir, o va a llegar el amanecer y no voy a tener ojos para verlo.
¡Aleluya, hermano, se viene el fin del mundo!, había gritado, hacía segundos, un porteño de cabello blanco en el bar Río, mientras caía un aguacero con cierta contundencia, pero indigno de cualquier alarma. Después salió y debajo del toldo blanco, en la vereda, repitió su premonición, con las manos alrededor de la boca,como para darle resonancia, aunque en el fondo con cierta timidez.
Yo vivía todavía embalado en la trampa de los finales inventados, y en ese momento estaba ahí en el Bar Río haciendo lo mismo que hacía buena parte de las horas libres de mi vida: tratar de conseguirle final a una historia que había comenzado a escribir, y caer en en un pozo depresivo tras pasar cierto tiempo sentado, intentándolo con poco o ningún éxito. Llegado a ese pozo, lo único que me calmaba era pensar que el fin había sido inventado hacía ya miles de años, y que ahora que estábamos tan cerca, y tantos en el planeta lo sabíamos, era necesariamente fingido (y más que fingido, cómplice, onanista y reaccionario) seguir inventándolos, porque eso era alimentar la Gran Mentira, que entre otras cosas, ahora nos estaba haciendo creer que lo del 13.0.0.0.0 era una sólo una visión hollywoodense.
De ahí que el chiste de verano del viejo porteño me diera fuerzas para escribir esas dos líneas, las cuales paré en seco al escuhar a un segundo viejo porteño, de franela blanca y bermuda caqui, que salió detrás del primero y le dijo:
¡¿Para qué lado estás mirando, che?! Porque todavía no sabemos dónde está el enemigo.
Entonces releí mis líneas y me parecieron de un entusiasmo rayano en la autoayuda.
Ya había pasado más de un año de la caída de la Calle del Muro, y a Maru y a mí nos quedaban pocas esperanzas (porque entonces el apocalipsis, más que un miedo, era una esperanza)de que fuera a ser más que un simulacro, un emperador negro, un Sur medianísimamente despierto y en resistencia residual, y todas las tierras sagradas del dios occidental convertidas en campos de fuego y de sangre.
Por eso duraba poquísimo la calma que me daba pensar en todos los fines del fin, y más bien era yo quien le decía a Maru que qué coño más iba a pasar.
A veces, con un desentendimiento y un relax nada distintos a los del viejo porteño (y con distinto grado de convicción, según nos hubiéramos fumado un porro o no), comentábamos las cosas que leíamos en las noticias como si fuera una verdad como un tiro en el pecho que en menos de tres años lo que quedaba de Dio$ iba a caer en un derrumbe colosal, derretido por un Sol henchido y desbordado (¿un Sol vengativo?), y los pueblos enajenados le iban a dar la espalda a las pantallas, e iban a ver a la Tierra como si la Tierra tuviera ojos, y la iban a besar con las mejillas llenas de llanto.
Pero ni los viejos porteños, ni Maru ni yo, podíamos ir más allá de esas visiones estando en Buenos Aires, sin caer en el neohippismo new age seudoindigenista de Ciudad Universitaria (también reaccionario) o el evangelismo a pecho desnudo, o en la mera enajenación paranoide de Internet. Ya el fin de la Cuenta Larga (el 13.0.0.0.0, que en esa época pensábamos que iba a ser el 21 de diciembre de 2012, aunque otros seguían sosteniendo que era el 23) se había banalizado al punto en que se hablaba del asunto en cualquier contexto, como si fueran las olimpíadas, o cualquier evento humano televizado en todo el mundo, con el espacio para los anunciantes vendido años (vaya a saber si decenios) atrás.
Yo estaba por comenzar, en marzo, una maestría en literatura latinoamericana, y a Delia le faltaban tres años para terminar la carrera de psicología en la UBA. Acabábamos de mudarnos a un departamento hermoso en Almagro que nos costaba un precio minúsculo y que íbamos a tener que entregar en dos años. Y cuando nos tocaba pensar qué íbamos a hacer cuando pasaran esos dos años y lo tuviéramos que entregar, decíamos sin que se nos parara un pelo que en 2012 lo que menos nos iba a preocupar era tener un sitio donde vivir en la ciudad de Buenos Aires, porque las ciudades iban a ser lo primero en convertirse en una especie de axioma de Hobbes, llegado el Sol al punto en que la Caída de Todos los Cables daba lugal al Nuevo Desorden Mundial.
Pero dicho esto (y no sólo Maru y yo, sino todo nuestro círculo de amigos, y otra gente que tenía presente lo que iba a pasar en el 13.0.0.0.0), seguíamos viviendo nuestras vidas, proyectando planes y metas burgueses en la civilización, más allá de la fecha de la catástrofe, porque habíamos heredado de siglos de barbarie expansiva la secreta convicción de que Dio$ era irreductible; de que era capaz de sobrevivir a su propia aniquilación.

jueves, 3 de diciembre de 2009

12.19.16.16.4

El Nuevo Mundo es América

domingo, 22 de noviembre de 2009

12.19.16.15.13 (¿El 2012 qué?)

Hemos decidido abrir este blog inmediatamente sin haber recabado el suficiente conocimiento, porque no cabe duda de que no hay tiempo que perder , si se cumple el postulado del que partimos, que es que el 2012 el centro de nuestra galaxia va a completar un quinto de giro, y vamos a pasar por un punto de no retorno, un cambio de de sino, un final y un nacimiento, un sin-vuelta-atrás (sobre el fenómeno astronómico en particular abundan las fuentes, y en este momento no es prioridad para nosotros presentar un compendio de documentación).
Partimos también de algo que queremos creer, y es que este cambio no va a ser sólo un éxito de ventas para algunos libros y películas sobre el tema, ni un evento televisado, sino algo del orden del Terror (algo ocurrido en la Tierra, en la Realidad de Primer Orden).
Algunos consideran que ese Terror ya ocurrió, y que fue un evento televisado el 11 de septiembre de 2001, con lo que estaríamos viviendo algo así como proceso de aplicación de una ley ya aprobada. Nosotros, aunque sabemos que este evento televisado fue en efecto una de las señales que anuncian el Terror al que nos estamos acercando, y que Terror ha habido más que suficiente, no creemos que lo que va a ocurrir y está ocurriendo pueda reducirse a una fecha puntual (el 21 de diciembre de 2012, como se ha interpretado de la cosmogonía maya). Por eso nos precipitamos a abrir este este espacio: para examinar tantos eventos como nos sea posible, televisados o no, pasados años ha, u horas ha, que nos ayuden a entender lo que va a ocurrir en menos de tres años (y descontando), en donde postulamos que se ubique, en sintonía con el Sol, lo que en vano se llamó hace algunos años el Fin dela Historia. Sólo que nosotros lo llamaremos El Fin de esta historia.
No sabemos de qué se va a tratar. Intuimos que va a tener que ver con la Caída de Todos los Cables, y que va a ser va a ser más o menos como el quinto acto de Hamlet: cuando Civilización, herida de muerte, ve la muerte de su madre, Tierra, mata a su tío, Dinero, y cumple el deseo que lo persigue desde que su padre, Sol, se lo solicitó.
Un abuso del sincretismo, pero que reafirmamos porque explica bien nuestra idea. Aunque nos gustaría que el Fin de esta historia fuera tan rápido y drástico como un documental amarillista sobre Hercólubus, sabemos que existe una alta posibilidad de que el punto de inflexión no sea un evento puntual, sino una concatenación de eventos que conducirán al fin del orden simbólico imperante (a saber, el Dinero). Por eso creemos que en las obras e ideas que han perdurado en el tiempo bajo este orden pueden estar varias de las claves para entender lo que va a ocurrir con él en el futuro. Y, como dijo Diego en su memorable ensayo sobre la filmografía hamletiana y el cineasta venezolano Fortunato Juventud, Hamlet es la más grande obra, no de la humanidad, sino de todo el Universo.
No creemos, como ya dijimos, que una ruptura del orden simbólico imperante pueda ocurrir sólo en el campo simbólico, pero insistimos en Shakespeare porque en un quinto acto shakespereano siempre muere un gentío, hecho que creemos (en esto coincidimos con el amarillismo de Hercólubus) va a ser parte importante de lo que va a ocurrir en el Fin de esta historia.
Estaremos en las pantallas hasta entonces. Después, nos vemos en los vidrios.