lunes, 18 de enero de 2010

12.19.17.0.10 (El discurso de Pi II)



En una larga conversación por skype con Mun a mediadios de 2009, cuando hablamos después de dos años muy distanciados, pensé por primera vez que la consciencia omnisciente de la Gran Guerra no había sido para Pi algo dado, evidente y verificable a simple vista, como sí lo era para nosotros, que crecimos viendo transmisiones en vivo de las guerras del Golfo y de los Balcanes, por no hablar de la guerra social permanente que vivimos en Caracas desde 1989. De ahí que lo único que nos pareció inteligible y hasta familiar del párrafo que conocimos en el laboratorio, desde la primera lectura, fue lo de Gran Guerra en curso.
Con Mun concluí, quizá exagerando, que antes esa consciencia sólo la adquiría quien pasaba buscándola buena parte de su vida, si no moría o enloquecía en el trayecto, o se traicionaba y se convertía en un abdicador funcional, que era en realidad lo más común (y sólo se terminaba de formar en quien llegaba a conocer de cerca el horror, bien fuera forma terrestre, como Bárbara, o bien de forma extraterrestre, como Pi).
Pero mucho más que en el año 2000, en el 2009, después del 11 de Septiembre, Irak, Afganistán, Líbano y Gaza, la Gran Guerra ya estaba tan documentada que había pasado a ser una obviedad, porque su dimensión catastrófica había sido disuelta en la ubicuidad de las pantallas, y en la opinión pública sólo era asunto de primer orden para algunos líderes y militantes de izquierda, algunos poetas, algunos activistas de derechos humanos, y centenares de miles de bloggers y documentalistas. Sin embargo estos últimos (muchos de ellos yanquis, la mayoría de ellos paranoides, new age o reaccionarios), habían descrito hasta el hastío (y Mun y yo, consumido sus descripciones hasta el hastío) y pormenorizadamente la configuración del gobierno mundial, la urdimbre de su base de poder desde la independencia de Estados Unidos, su exitosa campaña de conquista del planeta desde 1945 y sus planes, digamos, a mediano plazo.
De todo eso sacábamos una sola conclusión clara: el Enemigo era cada vez más visible. Lo cual, por otra parte, no quitaba lo que ya sabíamos: que, sobre todo viviendo en grandes ciudades, nos volvíamos sus cómplices en las acciones más cotidianas; que estaba en capacidad de actuar a través de nosotros independientemente de nuestra voluntad, e incluso contra sí mismo, aunque esta posibilidad sólo parecía darse en el plano del mero simulacro.
En todo caso, la tentativa de extraviarse en remolinos de pequeñeces uno se la encontraba en cada nueva dosis de información, con lo que la noción de el Enemigo, aunque visible, se alejaba en tanto uno trataba de acercarse. Como el horizonte, dijo Mun. Como el número primo más largo, dije yo. Por eso comenzamos una serie de discusiones, siempre por skype, con las que nos proponíamos elaborar un esquema de la Gran Guerra, para presentárselo a Pi, en un encuentro que nunca se concretó, un poco porque nunca terminamos el esquema, y un poco porque entonces Pi vivía en Caracas, Simón y Mun en Mérida, Ríe en Nueva York y yo en Argentina.
Sólo llegamos a hacer un esbozo de los vértices, que era el siguiente:

DIO$:
Fuerza omnipresente que media la voluntad y el deseo de los seres humanos, en medida variable según su grado de inserción en el sistema social reinante conocido como Civilización, observándose el mayor grado en los ricos, en los clase media con aspiraciones de ricos, y en los obreros con aspiraciones de clase media, y en menor grado en algunos enfermos mentales, las personas en pobreza extrema, algunos místicos, artistas y poetas, zonas aisladas por organizaciones sociales armadas o pacifistas de ideología romántico-anarquista, y comunidades de pueblos originarios aferradas a tradiciones ancestrales. Su representación simbólica más acabada es el ícono llamado Gran Sello, que se encuentra encerrado en un círculo en el extremo izquierdo del anverso del billete de un dólar, creado por los Iluminati a finales del siglo XVIII, y según diversas exégesis síntesis icónica de un proyecto hoy casi llevado a cabo en su totalidad, de establecer una religión jerárquica mundial, sugerido también en el lema "en Dios [en Dio$] confiamos".

águila:
Expresión política de Dio$ en la tierra, con sede central en Usamérica. Congrega una elite de banqueros, políticos y empresarios de países del primer mundo (PPM), con afiliados en el resto de las naciones del planeta, y se encarga de dirigir las acciones para extender los dominios de Dio$, y para mancillar, mediante la seducción, el engaño, la extorsión, el miedo, la violencia legal y dosificada o la violencia extrema y criminal, cualquier factor que frene, atenúe o se oponga al dominio simbólico, material y/o espiritual de Él en la tierra. Su centro de poder material es el complejo financiero-industrial-militar que reina Usamérica, cuya jurisdicción legal se extiende a 929 bases militares distribuidas en los cinco continentes, y a los territorios, edificios e instituciones propiedad de las corporaciones trasnacionales y entidades financieras basadas en los PPM.
Sus armas de dominio simbólico son los medios privados de comunicación, digitales, radioeléctricos e impresos, y otros medios privados de producción cultural (Sociedad del Espectáculo), incluida la publicidad en todos los formatos.
Los nombres de algunos de sus gobernantes están reunidos en las listas de asistentes a las reuniones del Grupo Bilderberg y en los directorios del Council of Foreing Relations y de la Comisión Trilateral.

Pueblo:
Suma de fuerzas materiales, simbólicas y espirituales que resisten y/o padecen el dominio de Dio$ en la tierra. Congrega a la mayoría de los humanos del planeta, privada de paz y de bienes para la subsistencia por el Águila, así como a los muertos que han sido asesinados, torturados o desaparecidos por éste, o por ejércitos de sus propios países, al servicio de él y bajo su supervisión. Están concentrados en los países menos industrializados y en los llamados países emergentes.
Su principal arma de resistencia es su obstinación en pelear contra el Águila, independientemente de su aparente desventaja numérica y militar, y de su objetiva desventaja económica y tecnológica.
El Pueblo no tiene un centro de poder material, pero ocupa temporalmente espacios de poder, durante los cuales Dio$ puede actuar a su favor. En estos casos, suele propinar derrotas al Águila, al tiempo que el gobierno del Pueblo puede llegar adoptar algunas actitudes características de ésta.

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